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Mitos y verdades del Racing campeón 2001: cómo nació y murió el “paso a paso”, por qué Estévez y Cardetti se agarraron a piñas y el línea de la “final”

Fue como si todo se hubiera tenido que romper para deshacer el conjuro maldito y que el costado celeste y blanco de Avellaneda pudiera gritar campeón. El mundo iba a ser otro cuando Racing volviera a celebrar. Habrían pasado 35 años y 68 directores técnicos. El último había sido Juan José Pizzuti, en 1966, con el mítico Equipo de José que lo consiguió todo. El primer campeón del mundo del fútbol argentino. Del grito del Chango Cárdenas frente al Celtic en blanco y negro (en el 67), al zapatazo de Bedoya en la tele pre-HD con partidos codificados.

En ese trayecto, tortuoso, pasaron cosas. Ejemplos sobran: cambiaron los promedios para salvar a un grande pero descendió otro. La Academia, claro. Pero eso no sería nada: Racing le alquiló su equipo a Argentino de Mendoza para jugar un regional y hasta usaron el Cilindro como depósito de papas. Unos años después ya se hablaba de maleficio. Y la búsqueda fue en esa dirección: exorcismos, marchas de antorchas y hasta se hizo un pozo en la cancha en busca de algún gualicho. Nunca ordenar el club. Después, el club quebró y vino el gerenciamiento.

En el vía crucis de Racing, también se pueden explicar las penas de la Argentina. En tres décadas y media, la deuda externa pasó de poco más de tres mil millones de dólares a casi ciento cincuenta mil millones. Hubo catorce presidentes de la Nación entre el dictador Lanusse y De la Rúa. Pero sólo en esa semana de diciembre de 2001 de la que se cumplen dos décadas (en la que Racing iba a romper la maldición de 35 años sin títulos) pasaron cinco mandatarios en apenas once días. El citado radical, “Chupete”, más Ramón Puerta (del 21 al 23 de diciembre), Adolfo Rodríguez Saá (del 23 al 30), Eduardo Camaño (asumió de hecho el 30 y en los papeles el 31) y Eduardo Duhalde que juró el 1° de enero de 2002.

Fue en esos días que el país explotado volvió a explotar. Se habían llevado los ahorros de la gente, circulaban decenas de cuasimonedas y el pueblo salió a la calle a cacerolear. Hubo gases, palos, 39 muertos en todo el país, la ligaron hasta las Abuelas de Plaza de Mayo y lo que todos recordamos: el presidente se fue en helicóptero. Además, lo que nos trae hasta acá: ese año se había jugado un campeonato de fútbol, faltaba la última fecha. Racing tenía que empatar para salir campéon. ¿Cómo fue posible jugar en ese contexto de caos social?

Rosca, que le dicen.

Reinaldo Carlos Mostaza Merlo, el héroe que rompió el conjuro maldito, le cuenta a Daniel Avellaneda en la nota que hoy se publica en Clarín: “Nosotros nos reunimos y estábamos para jugar, pero no dependía de nosotros. Hablé con Marín y lo arregló con (Ramón) Puerta, que era el presidente en ese momento. Al final, jugamos nosotros con Vélez y River con Central. Además, no era lo mismo salir campeón en febrero. Pasamos concentrados Navidad. Hablamos con los jugadores de que no se pasen con las comidas en las Fiestas. Ellos querían el título a muerte y se cuidaron”, recuerda con su frescura habitual, el siempre platinado e impecable Mostaza.

La tapa de Olé del 23 de diciembre de 2001 ratifica los dichos del creador del “paso a paso”.

“Ganó Racing”, tituló el diario deportivo aquella mañana: “Por la presión de Marín, respaldado por Grondona y el Gobierno, Vélez-Racing y River-Central van el jueves. Perdió Marchi”, cierra en su bajada.

Partidos épicos, presiones políticas, jugadores al borde de la huelga y una multitud con la sensación ambigua de concretar el sueño postergado durante 35 años en medio de uno de los peores momentos del país. Acá, algunos mitos y verdades del Racing campeón en medio del estallido.

Cómo nació el “paso a paso” José Chatruc, eufórico, celebra su gol frente a Rosario Central en la tercera fecha. Foto: Archivo Clarín.

Se jugaba el Apertura 2001. Racing había conseguido una buena victoria en la tercera fecha frente a Rosario Central en el Gigante de Arroyito y José Chatruc se prestó a una producción fotográfica para hablar “del equipo candidato al título” con el Suple Racing del diario Olé. El jugador, que era uno de los más divertidos del plantel, se puso un gorro de carnaval carioca con los colores celeste y blanco, “que en realidad era de Argentina”, le cuenta el propio Pepe a Clarín. Chatruc estaba tan emocionado porque había convertido el gol de la victoria frente al Canalla que se le fue la lengua: “Este equipo tiene mística para ser campeón”, le dijo al periodista que le hizo la nota. Y quedó impreso: una de las figuras del equipo, solito, le ponía a Merlo y sus muchachos el cartel de candidatos.

“Al otro día llego a la práctica y veo que Mostaza los tiene a todos sentados, en penitencia, y gesticulaba. Los estaba cagando a pedos por culpa mía. Se había puesto loco: ‘Hay que ser humildes, ¡qué campeonato! ¡No ganamos nada!’, gritaba. Y tenía lógica lo que decía: Él arrancó con el ‘paso a paso’ y logró que nosotros hiciéramos carne eso de ir partido a partido”, reflexionó Chatruc con Clarín en su departamento de Palermo: “Era un poco cábala y un poco mensaje de humildad”, completa.

Aquel día, el mensaje quedó claro. Y, unas fechas después, cuando a Merlo le empezaron a preguntar si Racing era candidato lanzó su clásico, “paso a paso, vamos paso a paso”. Y se fue construyendo el mito.

Estévez vs. Cardetti El momento justo en el que Cardetti le pega una piña desde atrás a Estévez.

“Se lo dedico a Cardetti que la mujer lo hace cornudo”, va a decir Maximiliano Estévez después del partido. Y la frase quedará en la historia.

Todo ocurre el 2 de diciembre de 2001. Un domingo a la tarde. Fecha 16 del Apertura. El Cilindro revienta con más de cincuenta mil almas y Gerardo Bedoya meterá un zapatazo que quedará en la memoria de todos los hinchas de la Academia: “Le dio vuelta el arco a Comizzo”, gritó Mariano Closs en su emotivo relato para radio La Red. Racing empató un partido muy chivo, contra un River que tenía una verdadera Selección y le respiraba de cerca en la tabla de posiciones. Anote: Ángel David Comizzo, Celso Ayala, Mario Yepes, el Lobo Ledesma, Cuchu Cambiasso y Víctor Zapata. Pero, el ataque era deluxe: D’Alessandro, el Burrito Ortega y Cardetti.

El Millonario había arrancado ganando 1-0 con gol del Cuchu Esteban Cambiaso: “Era culón Cambiaso, siempre se encontraba con esos goles”, se queja Chatruc que hoy vacaciona con el Chanchi Estévez y sus hijos en la Costa argentina, a 20 años del histórico título. Aquel día, Pepe miró el partido desde la tribuna porque estaba suspendido.

El golazo de Bedoya frente a River El dos de diciembre de 2001, la Academia le empató a River sobre la hora y ganó gran parte del título postergado durante 35 años.

Las crónicas de la época reflejan que, obligado por el resultado, Racing se lo llevó puesto al equipazo de Ramón y llegó al empate con esa versión HD del gol del Chango al Celtic: el zapatazo del colombiano Bedoya. Unos minutos después del 1-1, los hinchas de la Academia encendieron miles de vengalas y el Cilindro se convirtió en Londres: “No se veía nada. Hace unos días, repasando unas imágenes, vi que erré un gol tremendo: podría haber ganado el partido”, recuerda Estévez. Pero se olvida que el Chapulín Martín Cardetti también quedó mano a mano con Campagnuolo y definió desviado, algo atolondrado por el humo y el ruido del estadio. Le podría haber arruinado el campeonato al equipo de Mostaza. Sí, ese día a Racing se salvó gracias a un juego peligroso: el show de bengalas de sus hinchas.

El 2 de diciembre de 2001, Bedoya convirtió un gol histórico.

Pero la cuestión no quedó ahí. Después del pitazo final pasaron cosas, explotó todo: Racing y River casi terminan a las piñas. ¿Qué pasó? Lo cuenta el propio Chanchi: “Empezó con Ortega, había mucho nervio en el partido. Ellos estaban acostumbrados a ganar todo y no les gustaba perder y en el partido el Burrito me había tirado un codazo. Entonces, en un tiro libre, empecé a hacer muecas. Termina el partido, le cambio el buzo a Comizzo, y voy a buscarlo a Ortega. Ahí me empuja Garcé y viene Cardetti de atrás y me pega una trompada. En esa montonera me sentí que estaba solo y empecé a tirar piñas para todos lados: por suerte no le pegué a nadie. Y, bueno, después de eso, dije la barbaridad que dije”.

Lo dicho: Marcelo Benedetto, que era uno de los cronistas de campo de Fútbol de Primera, lo buscó a Estévez que tenía la lengua fácil: “Le quiero mandar un saludo a Cardetti que es un cagón”, arrancó el Chanchi. Pero Benedetto no dudó en repreguntar Estévez mordió el anzuelo: “Cardetti es un cagón y la mujer lo hace cornudo”, fue el exabrupto que vio y escuchó el país.

Pero ahora se suma otra voz que intenta salvar al exdelantero del escarnio público: “Vamos a decir la verdad. El Chanchi tiro esa barbaridad porque hubo una charla previa de alguien que le metió fichas con algunas cosas y le quedó en la cabeza”, arranca uno de los campeones de 2001. Y después cuenta una típica situación del fútbol de antes: “Mostaza nos metía fichas con cosas que eran inventadas para que hiciéramos calentar al rival. Y ese día inventó algo de Cardetti y al Enano le quedó con el inconsciente. Estaba caliente, viene el periodista que lo indaga, lo molesta, lo aprieta y entonces este tiró esa barbaridad”, aclara el campeón, 20 años después. Y cierra con un dato: “Menos mal que no se peleó con Comizzo porque las cosas que nos había dicho Mostaza ese día eran terribles”.

La épica frente a Estudiantes bajo la lluvia​

Casi todos los jugadores de Racing cayeron en el “corralito”… casi todosEn aquellos días del caótico 2001, la Academia vivía una irrealidad. Mientras la montada reprimía en Plaza de Mayo, el equipo de Mostaza entrenaba en el Cilindro. Y en esas horas previas al caos, las afueras del estadio estaban colapsadas por miles de hinchas que hacían colas para sacar su entrada hacia el siguiente escalón (o paso) del sueño que los llevaría al ansiado campeonato.

Con la crisis en puerta, el 4 de noviembre Racing recaudó 302.353 dólares en el partido que goleó 4-1 a Gimnasia. Nueve días después, le ganó 1-0 a Chacarita y en las arcas que manejaba Blanquiceleste S.A. quedaron U$S 327.254. El dos diciembre, frente a River la recaudación saltó a más de medio millón de dólares. Exactamente, 537.430. Un día después de ese partido, el gobierno de Fernando de la Rúa puso un corralito que impedía retirar el dinero de las cajas de ahorro.

El Cilindro explotaba en cada partido.

“La mayoría de los jugadores quedamos adentro”, cuenta ahora un campeón. Aunque después aclara: “Todos, menos uno”.

Unos días antes de que terminara noviembre, los jugadores de Racing se disponían a dormir la siesta después del entrenamiento matutino pero uno de ellos tuvo que interrumpirla cuando sonó su teléfono:

-Hijo, te paso a buscar y vamos al banco.

-Ni loco voy al banco, dejame dormir la siesta tranquilo.

-En 15 minutos te paso a buscar. Agarrá los documentos y vamos a sacar todo lo que tengas guardado.

Unos días después, cuando se decretó el corralito, varios jugadores conocieron la anécdota de boca del beneficiado. “Lo queríamos matar”, recuerda ahora uno de los damnificados.



El línea que “se comió” el gol de Loeschbor Loeschbor grita su gol frente a Vélez. Será el gol del título.

“Lo que me parecía terrible era cómo me puteaban en el Cilindro. ¿Cómo hacía para darme vuelta y decirles que yo era de Racing?”, pregunta –y se confiesa– Alberto Barrientos en Academia Carajo, el libro que escribió el periodista Alejandro Wall sobre el equipo de Mostaza Merlo que rompió la racha en medio del estallido.

Para algún desprevenido, Barrientos fue uno de los líneas que cobró en el Vélez-Racing de la última fecha del Apertura 2001. Y nada menos que el que seguía la jugada del lado del cabezazo de Gabriel Loeschbor que a los 8 minutos del segundo tiempo le dio el 1-0 parcial a la Academia. Sí, el que debió levantar la bandera ante el offside del defensor central que convirtió goles clave en el camino al título frente a Independiente, San Lorenzo y el de aquel último partido.

En la charla con Wall, Barrientos no sólo se confiesa hincha, sino fanático de la Academia. Al punto de haberse puesto cara a cara con el Chelo Delgado en un Racing-San Lorenzo y decirle: “Te voy a echar porque yo soy de Racing. Vos en cambio, hoy estás acá y el año que viene estás en otro club”.

Barrientos cuenta que “había una onda” para que Racing saliera campeón. Y dice textual: “Yo sabía íntimamente que Racing iba a salir campeón sí o sí. Yo creo que hasta Vélez los sabía. ¿Sabés cuándo me di cuenta? Cuando lo veo a Grondona entrando a la Casa de Gobierno para que Racing jugara. Nadie me dijo nada, pero yo sabía que tenía que salir campeón sí o sí”.

Aquella tarde en Vélez, después del cabezazo de Gabriel Loeschbor, Barrientos señaló con su bandera la mitad de la cancha mientras la hinchada de Racing gritaba el gol del campeonato. Y él íntimamente también.

El día que los campeones querían hacer huelga Un tiempo antes del título, en septiembre, Blanquiceleste empezó a atrasarse en los pagos de los compromisos con el plantel y los jugadores de Racing estuvieron a punto de hacer un paro.

Ya lo repasamos. A pesar de la crisis, aquel 2001 fue un jugoso año para la administración entrante de la Academia. De la primera recaudación de 158.880 pesos/dólares del partido inaugural con Argentinos Juniors, los números crecieron cinco veces. El 16 de diciembre, tras el 2-0 frente a Lanús, Blanquiceleste S.A. declaró que se habían recaudado 680.954 pesos/dólares (a números de hoy, más de 129 millones de pesos en un solo partido), lo que totalizaba una cifra que superaba los dos millones y medio de dólares de recaudación (exactamente: U$S 2.525.604,254) sólo por los partidos que Racing jugó como local.

A pesar de los millonarios ingresos, en septiembre la gerenciadora comenzó a incumplir en sus compromisos con los jugadores: “De repente, se empezaron a retrasar los premios y empezaron a quedarnos sueldos adentro”, aseguran los players.

“Claro, cuando lo ves a la distancia, tiene su lógica. Cuatro meses después explotó el país y todo lo que no cobramos valía mucho menos cuando lo recibimos, en 2004. Como si alguien hubiera tenido un ´dátolo´ de lo que iba a pasar”, ironiza José Chatruc.

El país estaba al borde del colapso, los pesos/dólares estaban a punto de quedar atrapados en el corralito de Domingo Cavallo y los jugadores que corrían detrás de una gesta histórica se plantearon tomar una medida de fuerza por el atraso en los pagos.

“Nos reunimos con los muchachos y apareció la posibilidad de hacer un paro o de dejar de concentrar, en reclamo de los pagos. ¿Te imaginás el escándalo que hubiera sido si hacíamos una huelga? Nos hubieran tratado de mercenarios. Pero lo hablamos con todo el plantel y decidimos que lo más importante era ir por la gloria. Y la muestra que dejamos todo está en la garra que puso el equipo en partidos como el de Estudiantes que remontamos un 0-2 o en el 4-4 contra Nueva Chicago”, cuenta Chatruc que quedaría en la historia como uno de los jugadores que consiguió el título más sufrido (¿y el más disfrutado?) en la historia de Racing.

El día que a Racing le anularon dos goles y murió el “paso a paso”En el país de las sospechas, el Racing campeón de 2001 no podía ser la excepción. “Teníamos una intensidad tremenda, te pasábamos por arriba”, dirá Chatruc. “Pasamos por arriba al campeón, San Lorenzo. Le dimos un baile bárbaro”, agrega Estévez, aunque ambos aceptan que, con el correr de los partidos, la presión de los 35 años se les cayó encima: “En las últimas fechas, la obligación de ganar nos hizo jugar feo. Pero tuvimos grandes partidos, fuimos un justo campeón”.

En el tren de las polémicas, el equipo de Merlo recibió la clara ayuda del gol en offside de Loeschbor en el Amalfitani, aunque fue claramente perjudicado en otras ocasiones.

El punto más claro que recuerdan los hinchas de la Academia se dio en la fecha 17 del campeonato. Aquel sábado, Racing podía asegurarse el campeonato en cancha de Huracán frente a Banfield y el línea Sergio Cagni le anuló dos goles a Maximiliano Estévez: el primero, el Chanchi estaba en la misma línea y definió a un palo tras ser habilitado por Chatruc. Y en el segundo estaba claramente habilitado. En los dos, Maxi definió de manera exquisita, como lo había hecho durante todo el torneo. Y, siguiendo el razonamiento de las sospechas, no hubiera hecho falta esperar dos fechas para facilitarle el campeonato a Racing.

Aquella tarde se recuerda por los dos goles que Cagni le anuló a Estévez. Y también porque, después del minuto final, se dio la muerte del paso a paso:

-Mostaza, ¿tenés miedo?- preguntó el cronista de Fútbol de Primera Tití Fernández, ante gran parte de la patria futbolera que seguía el partido en casas y bares.

-Cómo…

-Si tenés miedo, Mostaza.

-Ahora me enojé, vamos a salir campeones-, tiró Merlo con el rostro desencajado. Pegó media vuelta y se fue.

Cuando entró al vestuario, Mostaza les marcó a sus dirigidos: “Les aviso que dije que íbamos a salir campeones”.

Como pasa en la Argentina, los mitos y teorías conspirativas envolvieron ese campeonato de Racing. El más resonante dice que un hombre de traje ingresó al vestuario de Estudiantes en el entretiempo del partido en el que la Acadé caía 2-0 y dio vuelta. Los que abonan esas teorías no podrán explicar cómo hizo Chatruc para encontrarse con un rebote involuntario en el taco de Quatrocchi en el gol que definió el encuentro. Tampoco por qué el gerenciador aceptó adelantar el partido con Boca que viajaba a jugar la Intercontinental frente al Bayern Munich posibilitando que Riquelme jugara el partido y perjudicando claramente el andar del equipo de Mostaza que caería por primera y única vez en el campeonato. 

La Academia saluda a su gente en la previa del partido con Chicago.

“En el 4-4 con Chicago nos cobraron un córner inexistente y llegó el empate”, agrega Estévez, sumando el “no fue córner” académico. Ese día, algunos compañeros le reprocharon Chatruc que se quedó protestando por el fallo. Después, llegó el zapatazo de Centeno al ángulo de otro partido que puso el empate final. En realidad el gol fue acorde a ese 4-4 entre el Torito y la Academia, un verdadero partidazo.

Los números de los fallos a favor o en contra de Racing no dicen mucho. En ese campeonato, la Academia apenas recibió tres penales a favor. Y tuvo dos en contra. El encargado de patear fue el Chanchi Estévez que metió dos y erró uno frente a Colón. Otra anécdota: esa semana de octubre, Gustavo Campagnuolo le había aconsejado al Petiso que cambiara la forma de ejecutar: “No hace falta que esperes al arquero, con lo bien que pateás vos, si elegís un palo y pateas fuerte no podés fallar”. Y el Chanchi erró.

Más allá del folclore que rodea a todas las situaciones que llevaron a Racing al campeonato, aquel 27 de diciembre cuando Gabriel Brazenas pitó el final del partido en cancha de Vélez, los hinchas de la Academia pusieron fin a un martirio de 35 años. Un agujero negro para ser felices un rato, en esas horas dolorosas. Fue el año que llenaron dos canchas y un Obelisco, en medio de una Argentina incendiada.

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