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Mujeres en Afganistán: cada día más excluidas del espacio público

Ni bien se apoderaron de Afganistán, en agosto de 2021 y ante las críticas mundiales, los talibanes aseguraron que no iban a retroceder con los avances logrados por las mujeres, y que podrían ejercer sus derechos dentro de la sharía, que es la ley islámica. Pero no fue así. Los derechos básicos comenzaron a diluirse para la mayor parte de la población, especialmente para las mujeres y niñas.

Una de las primeras acciones de los talibanes fue clausurar el Ministerio de la Mujer y sustituirlo por el de la Promoción de la Virtud y la Prevención del Vicio. Desde entonces, el uso del burka es obligatorio para las mujeres, la mitad de la población de Afganistán, que tiene 40 millones de habitantes.

Las mujeres que habían logrado puestos laborales interesantes fueron despedidas de inmediato. Volvió la prohibición de viajar solas y de cubrirse por completo. Las adolescentes no pudieron ir más a la escuela. Se decretó que las niñas podrían estudiar hasta los 12 años. Y ahora dieron un paso más: las mujeres ya no podrán pisar las universidades “hasta nuevo aviso”.

Miles de jóvenes de todo el país se habían presentado a dar los exámenes para ingresar a la universidad, que ya estaba funcionando bajo estrictas normas: entradas y aulas separadas por sexo. El mes pasado ya se les habia prohibido pasear por parques y jardines.

Analistas internacionales aseguran que los talibanes hacen una interpretación fundamentalista de la ley islámica, sosteniendo costumbres misóginas y patriarcales que habían quedado de lado durante las dos décadas de insurgencia. Dos décadas en las que las mujeres pudieron estudiar, trabajar, viajar y salir a las calles con ropas elegidas por ellas mismas. 

Un talibán hace guardia en la puerta de la Universidad de Kabul para que no entren mujeres. Foto: EFE/EPA/STRINGER ​”El horror”

“Es el horror e inadmisible que esta opresión, esclavización y maltrato bestial a la mitad de la población no sea castigado internacionalmente. Es una vergüenza”, dice a Clarín la escritora española Rosa Montero.

A poco de tomar el poder los talibanes impulsó “Abrid las puertas a Afganistán y las afganas”, un manifiesto para que la comunidad internacional se pronuncie contra el fundamentalismo. Entonces se juntaron cientos de miles de firmas, no solo de mujeres sino también de muchísimos varones. Para Montero, “el talibán es un régimen delirante, pero para las mujeres eso genocida”.

Rosa Montero, defensora de los derechos de las mujeres. “Los talibanes han prohibido el ingreso de mujeres a las universidades. Es una decisión vergonzosa que viola el derecho a la educación de mujeres y niñas en Afganistán. Los talibanes dejan claro todos los días que no respetan los derechos fundamentales de los afganos, especialmente de las mujeres”, declararon desde Human Rights Watch, organización no gubernamental que investiga, defiende y promueve los derechos humanos en más de cien países.

Desde el regreso de los talibanes las mujeres deben salir a la calle completamente cubiertas. Foto: EFE/EPA/STRINGER “La embestida integral contra los derechos de las mujeres en Afganistán no tiene paralelo en el mundo de hoy. El último anuncio de los talibanes sobre el cierre de universidades para mujeres, prohibiéndoles efectivamente la educación superior, es otra restricción flagrante de sus derechos fundamentales. Es tan miope como espantoso. El derecho a la educación de todas las mujeres y niñas debe restaurarse de inmediato”, pidió este miércoles Sima Bahous, Secretaria General Adjunta de la ONU y Directora Ejecutiva de ONU Mujeres.

“Las mujeres siempre han desempeñado un papel clave en la configuración del desarrollo de Afganistán y en el apoyo a su paz, seguridad y resiliencia. Ante desafíos increíbles, las mujeres afganas han seguido yendo a la universidad. Estas instituciones fueron algunos de los últimos lugares donde pudieron reunirse y continuar aprendiendo. Terminar con la educación superior de las mujeres es ignorar sus contribuciones históricas y separarlas de su potencial futuro y del potencial de su país”, agregó.

“La negación de la educación viola la igualdad de derechos de las mujeres y las niñas y tendrá un impacto devastador en el futuro de Afganistán. Condena al país a mayores penurias económicas, sufrimiento y aislamiento internacional. Sin educación, una generación de mujeres y niñas afganas no tendrá las habilidades que necesita para contribuir plenamente al desarrollo de su país. Sin educación, sus caminos hacia la participación y el liderazgo se ven aún más restringidos, dejándolos vulnerables a la discriminación y la violencia de género”, aseguró Bahous.

ONU Mujeres hizo un llamado para “que se restablezca de inmediato la plenitud de los derechos de las mujeres y las niñas, que incluyen el derecho a la educación, así como al trabajo y a participar en la vida pública. Frente a las violaciones sistemáticas y deliberadas de sus derechos por parte de los talibanes, nosotros, como comunidad internacional, debemos continuar defendiendo e invirtiendo en los valores en los que nos basamos, en solidaridad con nuestras hermanas afganas”.

La censura Los talibanes, además, necesitan ejercer la censura, y para lograrlo limitan la información crítica, detienen y golpean periodistas. Si hay un trabajo que específicamente no pueden hacer las mujeres -además de juezas- es periodismo. Pero hay un grupo que trata de hacerlo igual.

Zahra Nader es la jefa de redacción de Zan Times, un medio informativo recién creado que se ocupa de los derechos humanos en Afganistán, en especial, de la situación de las mujeres. Nader nació en Afganistán y empezó su carrera de periodismo en Kabul en 2011. Desde 2017 vive en Canadá, donde está haciendo un doctorado en Estudios de la Mujer, Feminismo y Género.

Para las mujeres es peligroso estudiar en Afganistán. AP Photo/Ebrahim Noroozi “Durante mucho tiempo me sentí culpable por estar aquí a salvo y poder ir a clase. Tengo una responsabilidad como mujer que creció en el Afganistán post-talibán, que estudió, que fue a la escuela y llegó a ser periodista: tengo la responsabilidad de luchar por los derechos de mis hermanas de Afganistán”, dijo recientemente a las Naciones Unidas.

“De Afganistán nos llegan noticias de muchos casos de suicidio, de mujeres que se están quitando la vida. Es que en la práctica, las autoridades te han negado básicamente tu derecho a existir como ser humano. ¿Qué tipo de ser humano eres si no puedes recibir educación, no puedes trabajar, ni siquiera puedes salir de casa sin un acompañante masculino?”

Zan significa mujer. “Zan Times es nuestra forma de decir que es nuestro momento, que vamos a luchar, que vamos a contar nuestra verdad -explicó Nader-. El mundo debe oír esto. Si no tenemos mujeres periodistas sobre el terreno, contándonos esas historias, nos estamos perdiendo la mayor parte de la imagen de lo que está pasando en Afganistán, especialmente para las mujeres”.

El desafío de la juventud  El 16 de septiembre Mahsa Amini, de 22 años, fue detenida por la “policía de la moral” en Irán. Se la llevaron por violar el código de vestimenta conservador. Amini murió tres días después. Las autoridades alegaron “un ataque al corazón”. Su familia dice que fue torturada y asesinada a tiros. Desde entonces hay protestas multitudinarias contra el régimen, que siempre son reprimidas con violencia, hay presos, condenados a muerte y organismos internacionales calculan cerca de un centenar de asesinados.

Desde el asesinato de Mahsa Amini las protestas se multiplican en Irán. Foto: Ozan KOSE / AFP Los analistas aseguran que las revueltas de mujeres, niñas y adolescentes se han convertido en “el desafío más audaz a la República Islámica desde su establecimiento, en 1979”. Y que “la generación Z de Irán está pagando el precio de querer cambiar”. ¿Quiénes son? adolescentes y jóvenes que nacieron entre 1995 y 2010. ¿Por qué protestan? Porque tienen acceso a redes sociales y pueden ver cómo viven sus pares en otras regiones del mundo. Tienen información.

En Afganistán las protestas son más tímidas. El miedo es enorme. Pero algunos estudiantes varones abandonaron las aulas como muestra de solidaridad. Y en la universidad de Nangarhar, al este del país, las ex estudiantes se atrevieron a protestar junto con algunos de sus compañeros que gritaban “o todos o ninguno”. 

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