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Gonzalo Montiel, una vida de decisiones importantes: de las calles de tierra de Virrey del Pino al penal que le dio el tercer Mundial a la Selección Argentina

‘Cachete’ se fue a vivir a la pensión de River con 13 años, para evitar los viajes eternos. Con su gol en la tanda ante Francia hizo realidad el sueño de su abuelo, ya fallecido. Una historia de resiliencia.

Gonzalo Montiel va caminando desde la mitad de la cancha, toma la pelota, la pone en el punto del penal, toma carrera, se frena, mira a Hugo Lloris, y larga una respiración fuerte antes de ejecutar el remate que puede darle la tercera Copa del Mundo a la Selección Argentina.

En esa carrera hacia el remate de Gonzalo hay un país atrás. Son 45 millones de personas que rezan, imploran, sufren, transpiran y empujan desde su lugar para que la pelota toque la red.

Foto: REUTERS/Agustin Marcarian Y entre esas personas están Tito y Marisa, los padres de Gonzalo. Está Jacqueline, su hermana, y sus sobrinos, Gabriel y Jeremías. Está su novia, Karina. Y sus corazones palpitan fuerte en un sector del estadio Lusail. Y está Luis, el abuelo materno, que se fue hace 18 años y que desde el cielo ve a su nieto futbolista, como él deseaba, cumplir el sueño de llegar a lo máximo. A ese nieto que logró que le pusieran Ariel de segundo nombre porque él era fanático de Ortega.

Cachete, ese sobrenombre que trae desde las Inferiores de River, sabe lo que son las paradas difíciles. No lo amilana el contexto. Al contrario. Lo fortalece. Tiene coraje para afrontar este momento. O, como se diría en la tribuna, “huevos”.

Y cómo no va a tener lo que hay que tener para esos momentos. Esa personalidad la forjó desde chiquito. Se crió en calles de tierra de Virrey del Pino, la última localidad del Partido de La Matanza. En una casa en la que podían escasear algunas cosas, pero jamás faltó amor y calidez humana.

Desde muy pequeño, Gonzalo tomó decisiones importantes. A los 13 años decidió aceptar ir a vivir a la pensión de River para no estar viajando todo el día. Se tomaba el colectivo 620 en la ruta 3 hasta General Paz y de ahí el 28 a Núñez. Podía tardar hasta dos horas y media de ida y otras dos y media de vuelta. El sacrificio y el esfuerzo fueron bandera. En su cabeza tenía el objetivo de jugar en Primera. Y al vivir en River pudo enfocarse más.

Pero su corazón siguió en Virrey del Pino, a donde siempre volvía para estar con su familia y sus amigos. “Mi barrio es mi mundo”, le dijo a Clarín en una entrevista en la casa de sus padres, que hace poco se mudaron a Canning con la ayuda de su hijo.

En ese barrio empezó la historia futbolística de Montiel cuando su papá lo llevó de muy chiquito (a los cuatro años) a jugar al club más cercano y después pasó al baby de El Tala, de González Catán. Y a los 10 años fue a probarse a River. Quedó y empezó a jugar en Infantiles. Era marcador central. Y en esa posición jugó hasta que llegó a la Primera.

Gonzalo Montiel jugando en El Tala de González Catán con la categoría 1997. Foto: Twitter. Marcelo Gallardo lo hizo debutar en Primera en abril de 2016. Y un año y medio después lo hizo titular como lateral derecho. “Gallardo me convenció para jugar de lateral. Estoy agradecido a él porque tanto a mí como a mis compañeros nos hace crecer como jugadores y como personas”, admitió Cachete.

Montiel creció como jugador y fue uno de los pilares del River campeón de América en 2018 que le ganó la final a Boca en Madrid. Y se animó a más. En 2019 apareció en él una faceta que hasta ese momento era desconocida: patear penales.

En la definición de los octavos de final de la Libertadores 2019 en la que River venció a Cruzeiro en Belo Horizonte. Lo pateó magistralmente. Con la cara interna del pie derecho, clavó la pelota en el ángulo izquierdo.

Y desde ahí siguió animándose. A tal punto que después de varios penales errados por algunos de sus compañeros de ese momento, él empezó a agarrar la pelota para patear. Y el Muñeco lo confirmó como el ejecutor de penales del equipo. Así se mostraba en el rol de “bombero”, ese apodo que también le puso el ex técnico de River.

Montiel perfeccionó la técnica para patear en Inferiores y en Primera, pero aprendió antes. De más chico participaba junto a sus amigos en torneos de penales por plata en su barrio y en otros barrios de La Matanza.

Gonzalo Montiel y su remate ‘no look’ para darle el tercer Mundial de la historia a la Selección Argentina. Foto: REUTERS/Hannah Mckay. Gonzalo ahora está frente a Lloris, el arquero francés. Y cargaba con que había metido la mano que derivó en el 3-3 en el suplementario. Y la que está en juego es la Copa del Mundo. Ya había pateado contra Países Bajos en los cuartos de final y había convertido. Ya había ejecutado 9 penales en su carrera y festejado en todos. Este es el décimo. A doce pasos de la gloria. Y ahí va. Da uno, dos, tres, cuatro, cinco pasos antes de llegar a la pelota y definió en modo “no look” (miró para un lado y el remate fue al otro) para engañar al arquero francés que se tiró hacia su izquierda. Es gol. Gonzalo se saca la camiseta, corre, llora, lo abrazan sus compañeros. Festejan 45 millones de argentinos. El pibe de La Matanza metió el penal que definió la final y que concretó el sueño de la tercera Copa del Mundo para Argentina.

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