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“Hermana soltá la panza” 2022 hace foco en el ocultamiento de los cuerpos normales

Después de la campaña del verano pasado que se hizo viral “Hermana, soltá la panza”, la comunidad virtual “Mujeres que no fueron tapa” va por más este año: las fotos en las que no queremos salir o lo hacemos ocultando parte de nuestros cuerpo porque sentimos que no nos vemos bien.

La campaña #HermanaSoltaLaPanza 2022 comenzó a mediados de noviembre con una encuesta para evaluar el impacto que tienen las dietas para adelgazar sobre nuestras vidas. Con más de 8.000 mujeres que respondieron esta encuesta en Stories, se vislumbra el peso que tienen los estereotipos de belleza y cuerpos perfectos que se imponen a las mujeres desde muy pequeñas: al 81% no le gusta como sale en las fotos y el 68% optó por no sacarse fotos en momentos importantes de su vida.

Entre estas últimas hay una mujer que lamentó no tener una foto con su hermano fallecido porque pasó gran parte de su vida adulta huyendo de las cámaras. Otra mujer no quiso sacarse una foto con su bebé recién nacido porque se sentía gorda y fea. Hay muchos testimonios y en cada uno de ellos se pone en evidencia la culpa que arrastran las mujeres por no cumplir los cánones de belleza física.

El 62% de las féminas encuestadas admitió que, para salir en fotos, busca siempre ocultarse detrás de los otros e incluso el 65% pide a la gente que elimine o no publique fotos en que aparece porque no le gusta cómo salió.

ENCUESTA. Participaron hasta el momento alrededor de 8.000 mujeres. Merecedoras del amor Uno de los datos más preocupantes de la encuesta es que al 96% de las mujeres les hicieron sentir que para enamorar a alguien tenían que ser flacas, tener una determinada forma de cuerpo o no tener panza.

“Nos hicieron sentir y creer de diferentes maneras que si no les dábamos a nuestros cuerpos otra forma nadie nos iba a querer, que si no nos sometíamos al hambre y la desvitalización no íbamos a ser queridas”, analizaron desde esta comunidad fundada y liderada por la artista visual Lala Pasquinelli.

Los testimonios que publicaron profundizan sobre esto: “Tenía 15 años, recuerdo volver del boliche llorando porque había visto al chico que me gustaba con otra. Mi vieja me vio así, me preguntó qué me pasaba y su respuesta fue: ‘Seguro era flaca la chica, ponete las pilas, sino quién te va a querer’”.

Otra mujer compartió: “Mi vieja. Ayer fui a verla… antes de entrar miré el reloj. Tardó 22 minutos en decirme algo… conté que me estaba meando porque había tomado mucho tereré de gaseosa y me dijo ‘no tomés más gaseosas, por eso tenés esa panza’. Le dije ‘te tardaste más que otras veces, 22 minutos es un récord’. Y otra recordó que “hasta me lo decía mi mamá. Me decía, mirá las revistas, no hay mujeres gordas casadas. Te vas a quedar sola… tenía diez años”.

Culpa y más estereotipos El 63% de las que votaron en esta encuesta reconocen que comen con culpa.

“A las mujeres el alimento se nos niega, se nos retacea, nos dan menos y nos enseñan que tenemos que pedir menos, nos enseñan a negarnos a nosotras mismas el derecho de alimentarnos y el placer de hacerlo. El placer de comer lo que nos gusta, el placer de disfrutar de la comida, quizás uno de los pocos placeres diarios de los que podríamos disfrutar en este mundo, nos es robado diariamente a través de la inoculación de la culpa en cada una de nosotras”, reflexionaron.

No es casual entonces que el 86% de las encuestadas sienta que cuando llega esta época del año, o todo el año, “debería hacer algo con su cuerpo” que significa empezar dieta y someterse a rutinas de reducción.

“No sentimos esto porque somos tontas, lo sentimos porque aprendemos desde niñas que para ser buenas mujeres, tenemos que ser delgadas. Que los únicos cuerpos que merecen ser vistos son los cuerpos delgados”, advirtieron.

La rebelión de las imágenes El objetivo de la campaña 2022 es desnaturalizar estas imposiciones y motivar a las mujeres a aceptar como son y dejar de aceptar la invisibilización de los cuerpos normales.

“Cuando decimos ‘Hermana, soltá la panza’, hablamos en un sentido simbólico. La panza es lo que no encaja, es todo eso que no alcanza y no va a alcanzar nunca, que es algo con lo que vivimos las mujeres desde que somos muy pequeñas”, enfatizó Lala Pasquinelli.

Este llamado es también “para que dentro de algunos siglos haya registro de cómo éramos las mujeres, qué hacíamos, porque cuando nos hacemos invisibles entre nosotras, hacemos invisibles a las otras, a las que vinieron antes y a las que siguen”.

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