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La historia secreta del fallido intento de Perón de lograr la fusión nuclear parar tener la bomba

“Métale nomás”, contestó en 1948 el presidente Juan Perón al científico austríaco filonazi Ronald Richter cuando le propuso lograr la fusión nuclear de los átomos para liberar energía.

Era diferente al camino de la fisión nuclear que había usado Estados Unidos para construir las bombas atómicas que lanzó en Hiroshima y Nagasaki.

A los norteamericanos los experimentos para la fisión les habían costado 5 mil millones de dólares.

El encofrado de hormigón armado que Richter mandó a construir en la isla Huemul para sus ensayos. El proyecto de Richter era mucho más barato. Richter trabajó en secreto durante tres años en la isla Huemul de Bariloche.

Un orgulloso Perón, el 24 de marzo de 1951, convocó a los periodistas a la Casa de Gobierno y anunció que la Argentina había sido el primer país lograr la “liberación de energía atómica” a través de la fusión de los átomos.

Era como tener un sol en miniatura en un laboratorio.

Tapa de Clarín con el anuncio de Perón sobre la fusión nuclear en 1951. La noticia preocupó a Estados Unidos, a la Unión Soviética y a otras potencias nucleares que venían de derrotar a la Alemania nazi y a Japón y desconfiaban de Perón.

La tapa de Clarín del 25 de marzo de 1951 informaba a seis columnas: “Hizo el general Perón un sensacional anuncio: la liberación de la energía atómica se logró en el país”.

“La Argentina ha logrado la liberación controlada de la energía atómica y está en conocimiento de los secretos relativos a la bomba de hidrógeno, anunció Perón en conferencia de prensa el día anterior. Primero pidió disculpas a los periodistas por haberlos hecho levantar temprano”, agregó Clarín. Luego Perón explicó los alcances del experimento de Richter.

Ronald Richter en su laboratorio secreto montado en la isla Huemul en Bariloche. Sin embargo, luego de extrañas actitudes de Richter en el laboratorio secreto que se le había construido en la isla Huemul en Bariloche, Perón mandó una comisión a investigar y se determinó que los anuncios de Richter eran un bluf.

El frustrado experimento de Richter cobró la semana pasada actualidad por dos cosas.

Por un lado, porque el proyecto de Richter fue terminado con éxito esta semana por científicos de EE.UU. Por otro, porque su laboratorio en la isla Huemul sirvió como base para la creación de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA).

El National Ignition Laboratory de Livermore en California informó esta semana que obtuvo, por primera vez, “un balance positivo de energía fusionando núcleos de isótopos de hidrógeno mediante el proceso conocido como confinamiento inercial que utiliza poderosos rayos láseres”.

Otro de los equipos que Richter hizo llevar a la isla Huemul. El físico nuclear argentino y autor del libro “El Secreto Atómico de Huemul” Mario Mariscotti explicó a Clarín que “si bien falta aún mucho para llegar a la producción comercial de energía con esta tecnología, el anuncio es muy relevante ya que tal logro sería la conquista de una verdadera panacea universal”.

“Disponer de una fuente de energía prácticamente inagotable (por usar hidrógeno, el elemento más abundante) y ser no contaminante, ni en residuos radioactivos de larga vida ni en “gases de invernadero”, es una cuestión crítica para afrontar el grave desafío del cambio climático”, explicó Mariscotti quien más sabe de la historia secreta de Richter.

“El método de confinamiento inercial por láseres no es el único camino. El otro es el de confinamiento magnético donde un plasma de hidrógeno es comprimido mediante la acción de campos magnéticos en lugar de rayos láseres”, contó.

Richter con Perón en un acto en la Casa Rosada. “El confinamiento magnético fue el primer método usado en la exploración de la fusión nuclear para producción de energía y está en un estado avanzado de desarrollo tal que quizás se llegue primero a la etapa comercial por este camino”, estimó.

Antes que EE.UU., el primer intento oficial de un gobierno de obtener energía a partir de la fusión de núcleos atómicos fue el de Richter financiado por Perón en 1948.

A pesar de que el proyecto del austríaco no tuvo “el debido sustento científico, fue el disparador del programa de fusión del gobierno de EE.UU.” afirmó Mariscotti.

En el acta de la reunión del 26 de julio de 1951 de la Atomic Energy Commission (AEC) de EE.UU. figura que se otorgó un subsidio de 50 mil dólares al profesor Lymann Spitzer para realizar trabajos de investigación “en el área en la cual el físico Ronald Richter, trabajando en la Argentina ha afirmado tener éxito”.

Spitzer era un astrofísico que trabajaba en Princeton y leyó la noticia del anuncio de Perón en la edición del New York Times del domingo 25 de marzo de ese año en un centro de esquí en Colorado. Así comenzó el primer proyecto de fusión controlada en los EE.UU.

Richter llegó a la Argentina en 1948 de la mano del ingeniero alemán Kurt Tank, quien estaba construyendo en Córdoba del avión a reacción Pulqui II. Se habían conocido en Londres. Tank se lo presentó a Perón.

Richter se había doctorado en física en Praga, se mudó a Berlín y en los años de Hitler trabajó sin problemas. “Pero no era un nazi de corazón”, aclaraba.

En una reunión con Perón y un grupo de asesores propuso producir “un pequeño sol en la Tierra y obtener la energía nuclear de fusión”, cosa que nadie había intentado hasta ese momento.

Richter se instaló en Córdoba junto a Tank pero pidió mudarse a un lugar con mayor seguridad. Estaba obsesionado con el espionaje.

Perón sugirió que se exploraran lugares en la Patagonia y allí fue una comitiva encabezada por el coronel Enrique P. Gonzalez que sobrevoló el lago Nahuel Huapi.

Cuando Richter vio la isla Huemul quedó encantado con su belleza y advirtió las ventajas para montar allí un laboratorio atómico secreto. “Fácil de custodiar, aire limpio y abundancia de agua para refrigeración de los equipos”, recordó Mariscotti.

José Antonio Balseiro (en primer plano) con el resto de los integrantes de la comitiva que inspeccionó la isla Huemul y determinó que el anuncio de Richter era un fisco. El primer diseño de “reactor” de fusión de Richter fue un cilindro de hormigón dentro del cual habría un arco eléctrico en donde se inyectaba hidrógeno y litio, los combustibles necesarios para provocar una reacción (Ver fotos).

“Richter esperaba que la potencia del arco eléctrico fuera suficiente para alcanzar temperaturas adecuadas para lograr la fusión de estos dos elementos”, contó el físico nuclear argentino.

Y mientras estaba ensayando en “un reactor de aproximadamente un metro de diámetro por algo menos de dos metros de alto, comenzó a construir un reactor gigante: un cilindro de 12 metros de alto y de diámetro con una cámara central de 4 m de diámetro y de alto”.

La comisión que visitó la isla Huemul en 1952 para inspeccionar los trabajos de Richter- Esta gran estructura estaba a medio construir con el encofrado a la vista cuando Perón y Evita visitaron la isla Huemul en abril de 1950.

Al desencofrar el cilindro unas semanas después Richter “pensó que los canales de 10 cm que permitían contacto con la cámara central para introducir instrumentos de control y medición y que él había mandado a hacer, eran demasiados pequeños y había que hacerlos más grandes”.

Ante esta solicitud, el coronel Enrique P. González –encargado de darle toda la logística al austríaco- se preguntó “¿dónde conseguir una máquina capaz de agrandar agujeros en paredes de hormigón de 4 metros de espesor? ¿Por qué no lo previó antes?”

Pocos días después, Richter decidió que había que demoler esa estructura y hacer una igual pero bajo tierra. La cuestión dio lugar a un largo proceso de consultas y dudas que duró varios meses.

Entonces, llegó a intervenir el propio Perón y el gran reactor fue demolido y se hizo la perforación para albergar algo parecido pero en profundidad.

En febrero de 1952, el coronel González se enteró que Richter estaba negociando con una compañía de construcciones alemana “la mudanza del laboratorio a otro lugar conocido como Indio Muerto”.

El disciplinado militar discutió a los gritos con Richter quien obligó a su secretaria a traducirle al coronel exactamente sus dichos:

– Usted, Gonzalez es un mono subido a una palmera.

Fue el fin para González en el proyecto Huemul.

Entonces, Perón le pidió al capitán de fragata Pedro Iraolagoitía, que había sido su edecán naval y estableció un correo aéreo con una base antártica argentina, que se hiciera cargo del proyecto de Richter.

Iraolagoitía aceptó la misión, visitó la isla Huemul en abril y volvió espantado de lo que había visto.

Luego de largas conversaciones convenció a Perón de enviar una comisión investigadora de científicos a la isla Huemul, cosa que se concretó en septiembre de 1952, luego de los funerales por la muerte de Evita.

En ese momento, Richter “había cambiado la configuración de su experimento y ahora en lugar de un cilindro había puesto un imán con el arco eléctrico entre sus piezas polares” dijo Mariscotti.

La comisión fue integrada por el doctor José A. Balseiro –el instituto Balseiro lleva su nombre en su homenaje- el ingeniero Mario Báncora, el doctor Otto Gamba, el padre Juan Bussolini y el capitán Manuel Beninson, entre otros.

El informe que produjo la comisión fue esencial para terminar de convencer al gobierno de Perón, especialmente al ministro de asuntos técnicos Raúl Mendé de que el proyecto era un fiasco.

El informe fue lapidario: “Richter ha incurrido (…) en errores respecto de conocimientos elementales de física que no serían excusables en un alumno universitario”. El 22 de noviembre de 1952 el Gobierno cerró las instalaciones de la isla Huemul.

Con la venia de Perón, Richter renunció al proyecto y se mudó a Monte Grande donde vivió hasta su fallecimiento en los años 90. En los primeros años de jubilación se paseaba con su Cadillac descapotable y frecuentaba los bares de la estación del ferrocarril.

En 1954 se estaba discutiendo en el Congreso la ley de minerales estratégicos, incluido el uranio y en las acaloradas discusiones alguien de la oposición recordó críticamente el proyecto de Richter.

Entonces, Richter exigió ser escuchado pero la bancada mayoritaria peronista no quería que lo haga. Luego fue encarcelado por 5 días en el edificio del Congreso Nacional al aplicársele la figura penal del desacato.

El New York Times sacó una breve nota sobre el incidente donde lo cita a Richter diciendo: “Cuando salga de aquí lo primero que hago es devolver la medalla peronista de la Lealtad”.

Una de las últimas fotos de Ronald Richter antes de morir en los 90 en Monte Grande. “El proyecto Huemul fue un fracaso pero tuvo dos frutos: uno es el mencionado incentivo que produjo en EE.UU. para comenzar las investigaciones en este tema y el otro es el de haber dado origen a la Dirección Nacional de Energía Atómica (luego llamada CNEA)”, concluyó Mariscotti.

Fue cuando el coronel González, ante la negativa de Richter de aceptar estudiantes argentinos que desearan especializarse en energía nuclear, “creó como alternativa esta Dirección en mayo de 1951”, recordó Mariscotti.

Esa dirección comenzó a funcionar en Buenos Aires “con investigadores jóvenes elegidos por mérito académico y en mi opinión brindó importantes beneficios al país mediante el desarrollo de tecnologías de avanzada (nuclear, espacial, radares, medicina nuclear y otras) y de exportación como es el caso de los reactores de investigación vendidos al exterior por INVAP”, finalizó Mariscotti.

El secreto del Deuterio

El físico nuclear Mario Mariscotti entrevistó a Ronald Richter el 17 de agosto de 1979, quien le brindó detalles de su “secreto” tecnológico.

“La principal objeción a su plan, le dije, era que con un arco eléctrico no es posible alcanzar temperaturas mucho más allá de algunos miles de grados, mientras que las temperaturas de fusión deben alcanzar varias decenas de millones de grado para que los átomos adquieran altas velocidades por agitación térmica y logren superar la barrera eléctrica que los repele”, recordó Mariscotti.

Entonces, Richter argumentó que “no hacía falta usar altas temperatura. Su argumento era que en un gas a una cierta temperatura siempre hay moléculas (o átomos) que tiene altas velocidades, lo cual es cierto”.

Sin embargo, Mariscotti le señaló que “no es suficiente que unos pocos átomos tengan altas velocidades si no que se necesita un número muy grande de ellos, para lo cual hace falta altas temperaturas, asintió sin perturbación alguna y me respondió: “Si, pero mi secreto es otro”.

“El secreto de Richter era comprimir deuterio en un recipiente hasta llegar a presiones muy altas capaces de producir la fusión, pero no tuvo respuesta cuando le indiqué que no existían recipientes tan robustos y compresores tan potentes para hacer eso”, recordó.

En realidad, “esto es lo que se está haciendo (en la actualidad) en los proyectos de confinamiento magnético: usar campos magnéticos para aguantar las altas presiones que se generan en las condiciones de plasmas muy calientes”, contó el experto Mariscotti.

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