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Navidad de campeones: cómo nos pueden jugar las emociones en unas Fiestas inéditas

La organización se postergó y la energía sigue puesta en festejar. Pero el balance de fin de año, dicen los psicólogos, no se va a poder evitar.

En el medio de la euforia mundialista, nos sorprenden las fiestas. A la Nochebuena llegamos con el entusiasmo de Argentina campeón, pero mucho más flojos en la organización que otros años. Es que la energía no está puesta en el arbolito ni en el cierre de 2022. A raíz de esto es que surge la duda por el famoso balance en un fin de año sin tiempo para pensar demasiado ni prepararse. ¿Habrá momento de reflexión o en lugar de “anulo mufa” la copa del mundo anula fiestas y todo el proceso que conlleva? 

La alegría por el triunfo de la Selección ocupará el brindis, sobre eso no hay discusión, pero ¿tendremos margen para más? y, en caso de que sí, ¿el resultado será bueno o malo?

“El Mundial es un evento atípico, convocante y que implica competencia y cierta expectativa. En contraposición, las fiestas son predecibles y esperables”, dice Martín Etchevers, investigador de la Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos Aires (UBA).

“Lo que ocurrió con la copa del mundo es que se tomó como un gran logro colectivo, uno de los pocos de esta magnitud que podríamos decir que tiene el país. Los jugadores, con los que nos sentimos identificados por sus valores y por la forma en la que consiguieron lo que consiguieron, nos incluyeron y nosotros aceptamos participar”, agrega.

Los festejos en el Obelisco, el domingo. Foto Reuters / Agustín Marcarian Esto, por un lado, implica “una emoción muy positiva cuando la realidad de los argentinos, por los estudios de la UBA que venimos realizando, muestra que, en general, la gente venía desmotivada, frustrada, ansiosa y acostumbrada a que nos vaya mal”.

En ese sentido, aporta el especialista, “el impacto de lo sucedido en estas fiestas improvisadas, por darse tan cerca de la final del mundo, va a ser bueno. La copa se va a sentir como el regalo de Navidad, eso está claro”.

“El tema es que, más allá del efecto mundialista y de lo desapercibidas que puedan pasar estas fiestas, el cierre de año, que incluye esa evaluación individual en la que cada uno analiza cómo estuvo en lo familiar, laboral y social y a qué apunta a futuro, no se va a poder evitar”, advierte Etchevers.

“Por más que no sea del todo saludable pensar el balance en esos términos, es algo que está instalado culturalmente y que va a pasar, queramos o no”, agrega.

Y acá, sigue Etchevers, nos vamos a encontrar con una disonancia: “Está instalada esa idea de que nos va mal porque somos malos, pero ahora nos fue bien, entonces, si somos valiosos y valorados, ¿por qué nos va mal?”.

Lionel Messi, Angel Di María y el resto del equipo celebrando el martes. Foto Reuters / Martín Villar “La disonancia cognitiva a veces es positiva porque nos corre de la naturalización y nos obliga a repensar, la dificultad es que conectar con la realidad puede generar bronca”, señala el psicólogo de la UBA.

Y va por más: “Una derrota de Argentina hubiera estado en sintonía, pero ganamos. Eso implica un quiebre que hay que ver cómo lo toma cada uno a la hora del balance y de construir para adelante”.

Pedro Horvat, médico psiquiatra y psicoanalista, asegura que la cantidad de personas que este martes se acercaron a saludar a los jugadores (más de 4 millones) habla de una sociedad enormemente necesitada de alguna alegría. “Y esta es una alegría con la que nos identificamos porque se dio en buena ley”, destaca Horvat.

“Eso tiene el fútbol, gana tu equipo o tu país, en este caso, y uno dice ‘ganamos’, se incluye”, remarca Horvat, que intenta analizar el contexto para pensar el impacto de las fiestas en el medio de “esa gran fiesta”.

“Ganar el Mundial es la excusa que necesitábamos para festejar y seguramente uno de los temas principales de conversación en la mesa navideña. Sin embargo, en algún momento nos vamos a dar cuenta de que se trata de una identificación ilusoria en el sentido de que, más allá de la felicidad que pueda generar, nuestro día a día no va a cambiar demasiado por eso”, sostiene el psiquiatra.

La reacción para esta Navidad y el Año Nuevo es “muy personal”. ”El Mundial nos está sumando un entusiasmo que no veníamos teniendo y si bien lo anímico es fundamental, en la práctica los temas que nos preocupan siguen ahí”, cierra.

AS

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