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El peor año de Cristina Kirchner: el atentado, condenada por la Justicia y autoexcluida para 2023

Con el vínculo roto con Alberto Fernández, la Vicepresidenta afrontó el año más duro desde que el kirchnerismo volvió al poder. Tras pasar la Navidad en el sur junto a sus hijos, el martes reaparecerá en un acto en Avellaneda.

25/12/2022 16:42

Clarín.com Política Actualizado al 25/12/2022 16:42

“¿Cómo vamos a ser tan egoístas de insistirle para que sea candidata después de todo lo que le pasó?”. La frase de un dirigente de confianza de Cristina Kirchner resume el estado de situación en torno a la Vicepresidenta al cabo del año más duro que afrontó desde que volvió al poder. Con el resabio latente por el atentado que casi le cuesta la vida, la condena a 6 años de prisión por administración fraudulenta resultó el último cimbronazo que decantó en su renuncia a cualquier candidatura para 2023. Un anuncio que es visto con desconfianza por la oposición y que tiene al kirchnerismo duro en vilo de cara al armado electoral. 

Cuando parecía que, producto del receso forzado al que el oficialismo se tuvo que conformar en el Senado por la falta de quórum, recién se la vería en enero; este martes, tras pasar la Navidad en el Sur junto a sus hijos Máximo y Florencia, la vicepresidenta cerrará el año en Avellaneda: reaparecerá en un acto que el intendente Jorge Ferraresi trazó a su medida para que pudiera mostrarse en medio de un cúmulo de versiones que dieron cuenta de que habría sufrido un golpe en la cabeza debido una caída, algo que el kirchnerismo se esforzó por desmentir y que disparó especulaciones sobre su estado de salud. 

Al cabo, su primera aparición en público luego de que el 6 de diciembre el Tribunal Oral Federal N°2 la condenara en el marco de la causa vialidad nacional se postergó dos veces. Un diagnóstico de Covid positivo primero y cuestiones de agenda del Grupo de Puebla llevaron a que se postergara para marzo su pronunciamiento público que el kirchnerismo pergeñaba para poner a los jueces en el centro de la escena.

Si bien el atentado que sufrió el 1° de de septiembre, cuando el integrante de la “banda de los copitos” Fernando André Sabag Montiel se entremezcló entre una multitud que la había ido a apoyar a la puerta de su casa y le gatilló dos veces en la cabeza, fue el capítulo más oscuro, para Cristina el 2022 fue un año complicado en todo aspecto. En lo personal vio como avanzaban las causas en su contra y optó por enfocarse una vez más en su histórica pelea con la Justicia. 

En lo político, fue responsable directa de que el exitoso experimento electoral que ideó para ganarle en 2019 a Mauricio Macri estuviera a punto de sucumbir en la gestión.

Es que, tras el primer golpe palaciego que implicaron las “renuncias a disposición” de su tropa por la derrota en las PASO legislativas de 2021, la vicepresidenta liberó a La Cámpora para que esmerilara con ataques constantes a Alberto Fernández y el entonces ministro de Economía Martín Guzmán. El acuerdo con el Fondo Monetario Internacional anunciado en enero, que pretendía garantizar estabilidad económica, sólo generó ebullición política.

El desplante de Máximo Kirchner y su tropa negándose a votar una iniciativa del Presidente no hizo más que generar un tembladeral en el Frente de Todos que precipitó en un escenario de crisis incontrolable. “Ahora, con el diario del lunes, tal vez nos mandamos una cagada pegando tanto antes de ver los resultados, pero la máxima responsabilidad es de quien se cortó solo”, concede, a su modo y con un dardo a Fernández, un dirigente histórico del kirchnerismo de los que nunca dejaron de frecuentar a Cristina. 

La feroz interna que los K plantearon en el FdT no sólo consumió todo el capital político que tenía el Presidente para apostar por su reelección sino que dinamitó la gestión y sepultó al oficialismo en todas las encuestas. 

La llegada de Sergio Massa al Ministerio de Economía sirvió para frenar un contexto de caos macroeconómico en el que sobrevolaba el fantasma de una hiperinflación, pero en el kirchnerismo son conscientes de que no alcanza para evitar una derrota en la contienda presidencial.

El renunciamiento de Cristina se inscribe en ese contexto. Es imposible que desconozca que deberán pasar varios años para que la inhabilitación perpetua para ejercer cargos públicos que le impuso el Tribunal eventualmente quede firme. Su autoexclusión, en definitiva, apunta a evitar protagonizar una derrota que desdibuje su legado de cara a lo que el kirchnerismo anticipa como años de resistencia incluso más difíciles que los que afrontó durante la era Macri. 

La principal obsesión, en ese sentido, pasó a ser Buenos Aires. Mientras Alberto F. repite que hará todo lo que esté a su alcance “para que siga gobernando uno de los nuestros”, quienes escuchan a Cristina cuentan que el objetivo es “ganar la provincia”.



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