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El Topo Gigio, la aparición inesperada de la Scaloneta: secretos del Mickey italiano al que Messi revivió

Si algo le faltaba al Topo Gigio en 63 años de andanzas era sobrevolar Qatar en los cuartos de final, bajar fantasmagórico frente a Van Gaal y reencarnar en Lionel Messi.

Cuando el 9 de diciembre La Pulga se llevó las manos a las orejas en señal contestaria al técnico neerlandés, Gigio se convirtió de alguna forma en la “mascota” de la Scaloneta y disparó las búsquedas: “¿Qué es de la vida del roedor italiano que fue fenómeno de latinoamérica?”, se preguntaron miles.

El recuerdo parecía desvanecido para 2001, tiempo en que Juan Román Riquelme instaló una poderosa alegoría apelando al ícono del dulce topo para plantársele al poder (el entonces presidente xeneize Mauricio Macri). Messi retomó esa celebración y resucitó al animalito de gomaespuma. Detrás de aquel trasfondo futbolístico, la criatura que “crió” a varias generaciones a fuerza de ternura.

Orejas y provocación. Messi durante el parttido ante Países Bajos. (Foto: Alberto Pizzoli/ AFP). María Perego, la creadora nacida en Venecia que parió sin contracciones a esa cosita adorable no imaginaba alumbrar al futuro portador de mensajes subliminales. Autora, marionetista, conductora de TV, la “Geppetto” tenía en su atelier varios fantoches, pero cosió ese hocico respingado y el camino tomó otra dirección.

Sobre el año de nacimiento de Gigio (diminutivo de Luigi, Luis) hay datos que se contradicen. El diario Repubblica cita a María, que consideraba 1961 como el gran punto de partida, cuando el “bichito” irrumpió en el programa de sketches de la RAI Carosello. El origen es anterior, 1958. 

“No fue fácil salir de la mente de María”, se lee al Topo en su página oficial. “Ella participaba en un espectáculo de los sábados por la noche en el que hacía cantar a sus marionetas todas las canciones más famosas. Y con solo escuchar esas canciones, ralentizándolas o acelerándolas, se dejaba inspirar por las voces deformadas que salían de ellas, para crear nuevos personajes. Y un día, finalmente, escuchando a Domenico Modugno cantando la Sveglietta, María exclamó: ‘¡Pero esta es la voz de un ratoncito! Un ratoncito siempre alegre y un poco tímido. Un ratón de campo. ¡Lo llamaré Gigio!’. Y así finalmente, tras cortar y coser, hacer y deshacer, vine al mundo”.

La serie animada para los niños de hoy. La madre de Messi no era ni embrión cuando el bigotudo de los ojos como dulces persianas revolucionó con su irrupción al espectador italiano. No demandaba hilos para moverse, no era considerado un títere propiamente ni marioneta electrónica. “Es una fórmula medieval, con pinzas”, explicaba Perego (1923-2019), que había comenzado a trabajar para la RAI a mediados de 1954 con experimentos de papel maché.

“Topo se maneja de costado, los titiriteros se visten de negro y con una iluminación especial desaparecen. Es como el famoso teatro negro de Praga”, ilustra el argentino José Luis Telecher, el padre de Carozo y Narizota, quien estuvo influenciado por Gigio, a quien descubrió a sus ocho años y se lamenta. “Nunca tuvimos la suerte de cruzar a los tres”. 

Casi un Mickey Mouse rubio -la “mamma” de Gigio admitió la inspiración en el personaje de Walt Disney-. La clave era la inocencia, la ausencia de maldad, la ternura excesiva. Al principio el topo no hablaba. La garganta a cargo de la voz aflautada terminó siendo la de Peppino Mazzullo, un actor dramático siciliano de ahora 96 años al que Perego eligió especialmente y que trabajó para el producto hasta 2006.

María Perego, la creadora del Topo Gigio. Acusado de pastor cristiano evangélico encubierto, el mamífero Embajador de las Naciones Unidas y Unicef logró que su ingenua predicación se exportara a Kuwait, Malasia, Filipinas, Austria, Bélgica, Siria. En Argentina, tal vez unos de los hogares de adopción más intensos, hasta el militar Juan Carlos Onganía rogó para que no armara valijas temprano y entretuviera unos años más al pueblo.

Un par de orejas casi argentinas

Para fines de la década del 60, Perego visitó el país con una comitiva para arreglar contratos con Canal 11. Se instaló durante 50 días en el Hotel Claridge y trajo consigo tres baúles con gomaespuma, camita, cabezas y brazos sueltos. En esa oportunidad develó el gran secreto: el cuerpito de su “hijo” debía someterse cada 15 días a un mantenimiento, según el ajetreo al que se lo sometía.

“Arrasador suceso”, graficaba Radiolandia en 1968 cuando Gigio aparecía por Teleonce. La leyenda que el archivo de los diarios reproducen es que al final de la primera temporada, el propio Onganía escribió a Perego solicitando la continuidad en pantalla porque sus nietos lloraron ante la despedida.

La publicidad en la que el Topo reapareció en HD hace unos años. Pensado para el segmento infantil, ni Doña María hizo previsión de calculo: no hubo adulto que pudiera resistirse a la dulzura de ese exigidor compulsivo de mimos que invitaba “a la camita” o advertía “¡Lo dije yo primero!”. Ante la aceptación en Irán y otras exportaciones impensadas, Perego quedaba paralizada. Alguna vez contó, por ejemplo, que después de tres presentaciones en Japón, a su domicilio llegaron 250 mil tarjetas postales.

Para 1968 el par de orejas archifamoso irrumpió hasta en la página de Policiales porteños. Una comisión de defraudación y estafas de la Policía Federal allanó una casa de Artigas al 1800 y encontró matrices y materiales para la fabricación clandestina del Topo. El desenlace: arrestaron a un tal Moisés Wizer, según informan las páginas de Crónica.

La cuestión legal desveló demasiado a Doña Perego en estas latitudes. La falsificación de muñecos era parte de la cotidianidad argentina. En nuestro país era la empresa de Julio Korn (propietaria de TV Guía, Anteojito, Antena y otras revistas) disponía, en principio, de la licencia. Por cuatro años de permisos legales, por ejemplo, se pagaron 35 millones de pesos.

Riquelme y su recordado festejo en 2001. (DyN) El centro de atención de apenas 38 centímetros de altura ya era un porteño más en 1969 y vendía publicitariamente en TV una famosa galletita bañada en chocolate y un budín. Fue en La galera, el programa de Juan Carlos Mareco que encendió el fanatismo. Llegó al cine en esta parte del mapa en 1970 con la película Topo Gigio y el globo rojo, para épocas en que su partenaire era Héctor Larrea.

El grado de popularidad de Gigio disparó la aguja al extremo. Pasó por Canzonissima, junto a Nino Manfredi, con Raffaella Carrà y hasta hizo duetos con los mismísimos Louis Armstrong y Frank Sinatra. Pocos saben quién era uno de sus fervientes seguidores desde niño: Michael Jackson, que atesoraba en su reposa una colección de topos.

​Con Berugo Carámbula o con Gachi Ferrari como otros de sus socios, la argentinidad que atravesó incluye presentaciones en el Tabarís para las vacaciones de invierno, acompañado por un grupo femenino pop ochentoso, Las primas, ese mismo de los hits Saca la mano, Antonio, Tócame el Piripipí y Dame una alegría.

Juan Carlos Mareco y el Gigio en Canal 13. El libro oficial de la creadora llegó en 2015. El topo Gigio y yo, que se consigue por 20 dólares, cuenta no solo la fascinación del mundo con este animalito y las estrellas que sucumbieron a su encanto (desde Lucio Dalla hasta John Wayne) sino la biografía de esa veneciana que de tanto creer en la magia pudo vivir de ella. “El verdadero secreto de un artista es saber ver, en un bloque de materia inmóvil, al personaje presionando para salir”.

A pesar de la decisión de permanecer detrás de bambalinas, Perego no vivió lejos del merecido reconocimiento sus últimos años. Con su muerte incluso The New York Times rindió homenaje, y veneró a la mujer que instaló al “bichito” en los Estados Unidos, popularizado por Ed Sullivan. En Honduras, el Topo tomó forma inmortal de bebida (así se llama al helado casero en bolsita que parece tener ‘orejas’).

En 2018, los diarios italianos afirmaban que estaban presenciando “la segunda vida del Topo Gigio”, con el lanzamiento de la serie animada. El dibujo en altísima definición animó la cuarentena en 2020 e instruyó sobre coronavirus. “El nivel de popularidad hoy es 9 sobre 10, pero entre las generaciones de 40 para arriba. El festejo de Messi generó curiosidad entre los jóvenes que no lo conocían”, detalla la periodista italiana Laura Grassi.

Larrea junto al Topo Gigio. (Foto: Archivo) El hombrecito que basa su dieta en caramelos antes que en larvas -y que pasó del blanco y negro al color reinventando la televisión- nunca planeó que en su pasaporte estuviera incluido Qatar. Messi lo trajo accidentalmente a la vida-meme y ahora varias generaciones preguntan por él, como preguntan por esa estrofa incesante rompecorazones: “De los pibes de Malvinas que jamás olvidaré”. 

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