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A 30 años del histórico último show de Serú Girán, cuando ningún otro artista local tocaba en River

Treinta años atrás, ningún artista del rock argentino había tocado en River, salvo algún lejano show de Arco Iris en la cancha auxiliar. El primero en llenar el estadio, y no una sino dos veces, fue Serú Girán, que también fue pionero en el rito de los regresos triunfales.

La banda se había separado en 1982, casi accidentalmente, cuando Pedro Aznar anunció que dejaba todo y se iba a estudiar a Estados Unidos. Y si bien se habló de algún reemplazo (por ejemplo Beto Satragni), finalmente decidieron poner fin al grupo que no paraba de crecer y era el número uno del país. Cada uno siguió su carrera solista y Serú Girán pasó al terreno de las leyendas del rock local.

Charly García y Pedro Aznar en el escenario de River, en 1992. Foto de archivo. Un regreso en busca de mística y dólares Durante el resto de los años ’80, Charly García se afianzó como figura individual. Llenó Ferro y tantos Obras y Gran Rex como quiso, además de lanzar un álbum mejor que el otro, como Yendo de la cama al living, Clics modernos, Piano bar, Parte de la religión, Como conseguir chicas y Filosofía barata y zapatos de goma.

A su vez, David Lebón consolidó su rumbo como solista, tras haber hecho dos discos mientras estaba -desde comienzos de los años ’70- en grupos fundamentales como Pappo’s Blues, Pescado Rabioso, Polifemo y Serú. A partir de 1982 tuvo hits en álbums como El tiempo es veloz, Siempre estaré, Desnuque, Si de algo sirve, 7×7, Nunca te puedo alcanzar y Contactos, además de grabar Nuevas mañanas en Miami.

Pedro Aznar también tuvo una carrera brillante: ingresó al Pat Metheny Group, grabó con Charly en Clics modernos y Tango, cantó con Gieco y Spinetta, y lanzó discos propios como Contemplación y Fotos de Tokio, donde fue perfeccionando su estilo como cantautor.

Por su parte, Oscar Moro intentó un proyecto propio (Moro-Satragni) y tocó con figuras como Riff y Alejandro Lerner, pero la mala suerte y el alcoholismo le hicieron perder el protagonismo que había tenido en la escena desde fines de los años ’60, con Los Gatos.

En 1991 los astros comenzaban a alinearse para un regreso, pero todos tenían caminos individuales importantes y el regreso debería ser a lo grande. Charly comenzaba a fantasear con una valija con un millón de dólares para los cuatro, pero todos querían mostrar que no se trataba de una vuelta puramente económica, así que se sumó la idea de hacer un disco con canciones nuevas, antes de salir a tocar.

Serú Girán en 1992. Foto de prensa. La idea tardó casi un año en concretarse. Un empresario amigo de David, llamado Claudio Lisman tomó las riendas del proyecto como productor ejecutivo y se asoció con Héctor Caballero, poco conocido en el mundo del rock pero con mucha experiencia.

Según hoy recuerda Lisman, cuyo know-how en tecnología le valió ganar dos premios Emmy, uno este mismo año, “Yo vivía fuera del país desde 1973, pero me metí en el proyecto por mi amistad con David, que me decía que era el único que los podía volver a juntar. Fui a hablar con Charly, que le gustó la idea y dijo que sigamos adelante. Luego me junté con Pedro y Moro y avanzamos. Yo quería hacer un evento cultural que uniera a varias generaciones, que fue lo que se logró”.

Los ensayos comenzaron a principios de 1992 y en mayo dieron una conferencia de prensa para anunciar el retorno. Serú 92 ya era una realidad y el plan incluía un disco nuevo y shows en Rosario, Córdoba, Montevideo y un gran final River. Y para demostrar cómo sonaban diez años después, frente a la prensa tocaron seis canciones que los mostraron en muy buena forma.

Una mini-gira donde pasó de todo A diferencia de la mayoría de las giras, que van calentando motores y después de varios recitales llegan a su mejor estado, la vuelta de Serú Girán arrancó muy arriba (Rosario y Córdoba) y después fue bajando la calidad, principalmente debido a un Charly García disperso, sobrepasado por la excitación de haber alcanzado semejante poder de convocatoria.

Cabe agregar que las localidades de River se agotaron y hubo que agotar una segunda función casi diez días después. Se habló de 60 mil y hasta de 70 mil personas por fecha, lo cual lleva el total a más de 120 mil personas.

​La lista de temas del último River, por ejemplo, mantuvo el inicio con la proyección de un video sobre la música del instrumental Cosmigonón, pegado al tema Serú Girán y una maratón de 32 canciones en total.

Como ocurre en todos los regresos, el factor emocional hace que cada uno tenga su tema favorito del concierto, pero basta mencionar momentos antológicos como El mendigo en el andén, Esperando nacer, el flamante A cada hombre a cada mujer (con una estrofa para cada uno), Seminare, Cinemá verité, un impresionante set acústico, No llores por mí Argentina y Eiti-leda.

Con respecto a los shows anteriores, solo quedó afuera Noche de perros y se agregaron En la vereda del sol y una inesperada versión de José Mercado enganchada con el clásico Johnny B. Goode de Chuck Berry.

En esos tramos de improvisación al margen de los pautado, Pedro siempre siguió a la perfección el vuelo creativo de Charly, mientras que David y Oscar se alternaban momentos de lógico fastidio. De todas formas, el derroche de humor y sorna de Charly siempre fue festejado por el público, aunque lógicamente hubo pasajes donde la gente se quedaba sin saber exactamente lo que le pasaba.

En los bises aparecieron desde La balsa hasta Taxman de los Beatles, concluyendo finalmente con Mientras miro las nuevas olas y la frase “… yo ya soy parte del mar”. 

A lo largo del recital, David ratificó que su voz estaba en excelentes condiciones, Pedro reflejó su inmenso crecimiento de la última década y volvió a impactar con el sonido de su antológico bajo fretless. Moro no paró de agregar sus legendarios redobles y rulos de batería. Y Charly se desplazó permanentemente de los teclados a la guitarra y a cualquiera de los numerosos micrófonos, siempre tan inspirado como inquieto.

Según recuerda Lisman, “En muchos aspectos el segundo show salió mucho mejor que el primero, porque corregimos unos problemas que tuvimos con el eco. Fue enorme la emoción que sentimos todos al ver tanta gente que también estaba muy emocionada, y comprobar que podíamos hacer algo así, no solo una vez sino dos. Me acuerdo de los abrazos y la celebración al final del show. Era una validación que todo el proyecto era muy exitoso. Fue una lástima que no tuviera un poco más de continuidad, aunque sea uno o dos años más, llevando a Serú al exterior”.

La cobertura de Clarín tras el segundo River de Serú Girán cen 1992. Y aunque gran parte de la prensa puso la lupa en criticar la falta de concentración de Charly (y el hecho que le rompió la batería a Moro), la gente se fue contenta y feliz. Habían visto en vivo a una leyenda del rock argentino, un grupo que nadie creía que podía llegar a juntarse, y sin embargo armó una reunión a lo grande, con la magia y el talento intacto, frente a miles de viejos y nuevos fans.

Habla David Lebón Dice David: “Me acuerdo que cuando me cuentan de hacer un segundo River, me pidieron que interceda con Charly y todo el grupo para convencerlos. Lo hicimos y yo no lo podía creer, ¡porque otra vez estaba lleno! Muchas veces nos dijeron que éramos los Beatles argentinos, ¡y yo esas dos noches me sentí un Beatle! Estoy más que agradecido a Serú y a toda la gente que trabajó ahí, porque Serú en River fue lo más”.

Y agrega. “Mientras tocaba, iba recordando todos los grupos donde toqué, y me preguntaba qué hice para merecer semejante regalo de la vida. Me pasó algo muy hermoso y nos sentimos realmente muy bien los cuatro. El show fue increible y lo que pasó con la gente fue lo más. No hubo policías de uniforme, no hubo lastimados ni peleas ni empujones. Salió perfecto, y gracias a Serú los artistas argentinos empezaron a llenar estadios”.

Epílogo Como souvenir de Serú 92, al año siguiente salieron dos volúmenes de la grabación en vivo. También se usaron tomas de River para la película Peperina, de Raúl de la Torre, de 1995.

Claudio Lisman apunta que posee grabaciones, videos, cintas y material para algún día hacer una edición especial de un momento tan histórico.

A lo largo de los siguientes 20 años, Serú nunca se reunió en forma completa y Moro murió en 2006. Sin embargo hubo encuentros de a dos (la notable unión de Pedro con David durante muchos meses de 2007) y muy ocasionalmente de a tres. Por ejemplo cuando Charly invitó a Pedro y Moro a un Gran Rex.

Pedro Aznar, Charly García y David Lebón en el Teatro Colón, el 13 de febrero de 2019. Foto: Martín Bonetto La última vez que tocaron juntos como trío fue en el teatro Colón, cuando Pedro invitó a Charly y David, en 2019,

MFB

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