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Cómo sobrevivir a las Fiestas de Fin de Año

Por más que a veces le encontramos disfraces más espirituales y aprovechamos para hacer balances, proponernos cambios de vida o de hábitos (que luego no suelen pasar del 2 o el 3 de enero) y otras múltiples actividades “new age”, para la mayoría de nosotros el Fin de Año sigue siendo sinónimo de fiesta, cuando no una simple excusa para “morfar y chupar” como si lo que terminara no fuera un simple ciclo de 365 días, sino directamente el mundo.

La “vida social” impone decenas de encuentros entre amigos, compañeros de trabajo, de promoción de la secundaria y -sobre todo- de familiares, de los queridos y de los otros. Y no hay forma de esquivarlos, por más que el cuerpo nos lo pida.

Por eso, en un mundo de excesos, se hace cada vez más necesario saber pilotear la situación y dosificarse para llegar al nuevo año en las mejores condiciones posibles, tanto físicas como mentales.

La doble amenaza El calor y las fiestas de Fin de Año traen consigo más trastornos gastrointestinales e incluso cardiovasculares, según las conclusiones coincidentes surgidas de institutos especializados en ambas áreas.

Es que, al fin y al cabo, muchas de las costumbres y los menús que aplicamos en estas fechas son heredados del hemisferio norte y, por lo tanto, más apropiadas para el invierno.

Las familias se juntan y cada una lleva cantidades industriales de lechón, pollo, carne y postres. Cada integrante quiere probar todo y encima, para evitar que la comida se descomponga por el calor, quieren llevársela puesta. Algunos comen como si fueran las últimas cenas de sus vidas, y eso no es placentero.

Al mismo tiempo, las altas temperaturas y el estrés por las tensiones familiares dificultan el ritmo de asimilación del organismo. En este sentido, se recomienda reemplazar las típicas comidas navideñas por otras más livianas (aunque a los postres esto se complica, y en esos casos lo que hay que hacer es moderar la cantidad), servirse porciones variadas y masticar despacio, lo cual no sólo ayuda a la digestión sino que también permite diferenciar mejor los sabores.

Especialistas en salud cardiovascular proponen para estas fechas planificar las ingestas y las comidas, beber abundante agua (entre 2,5 y 3 litros por día) y mantener la actividad física habitual o incorporar caminatas diarias.

En cuanto al alcohol, el límite debería estar en no más de dos copas para el hombre y una copa para las mujeres por día, y beber gaseosas dietéticas o jugos sin azúcar.

También hay que mantener una alimentación muy cuidada durante todo el día previo y posterior a las fiestas, rica en vegetales crudos y frutas frescas.

En cambio, no hay que ayunar. Y si el plato principal es de carnes, elegir las magras y acompañarlas de vegetales. Para aderezar las ensaladas, deben evitarse mayonesas u otras salsas, preferir aceite de oliva y medir la cantidad en una cucharada sopera.

Otro consejo fundamental es no retrasar la comida, porque condiciona el consumo, ni dejarla sobre la mesa a la hora de los brindis, porque eso induce al popular “picoteo”. Tampoco conviene incluir aperitivos.

En cualquier caso, lo importante es no centrar la reunión en los alimentos, sino en los afectos. Al fin y al cabo, es Fin de Año y nos reunimos para estar juntos… ¿o no?

Cuando ya es demasiado tarde… Una vez que se presentó el problema, y no aguantamos el dolor de panza, la sensación de hastío u otras múltiples afectaciones de los “atracones” de fin de año, no queda otra que aguantarse, porque -según especialistas en gastroenterología- “es un gran error consumir analgésicos: puede lesionarse la mucosa gastrointestinal. Cuando se cometen excesos en las comidas, lo mejor es hacer un ayuno hasta que el mismo cuerpo vuelva a su normalidad”.

Sí son recomendables las sales de rehidratación oral, que incluso se pueden preparar en casa y ayudan en la recuperación.

La cabeza también juega El Año Nuevo incluye también un creciente componente psicológico que hay que tener en cuenta a la hora de pasar “la fiesta en paz”.

Para muchas personas, la transición de un año al siguiente marca la culminación de una etapa y en esos casos puede ocasionar cuadros de estrés o depresión que afectan al corazón.

Especialistas explican que los procesos biológicos que desencadenan las fiestas incluyen la desregulación del sistema nervioso autónomo y que se produce la activación neuroendocrina, los mecanismos inflamatorios y los de coagulación, que se asocian a la ruptura de placa y promueven el ataque cardíaco”.

Por eso recomiendan no minimizar síntomas cardiovasculares como el dolor de pecho y tomar recaudos para proteger la salud cardiovascular con una dieta alimenticia y ejercicio físico.

Paralelamente, las fiestas de fin de año generan un clima social en el que se profundizan los sentimientos de euforia, depresión, soledad y también de bienestar y plantean indefectiblemente un antes y un después con balances y expectativas.

Estas festividades instalan y generalizan un encuentro familiar, de relaciones interpersonales, en las que confluyen distintos sentimientos que se combinan con el amor, el desamor, las alegrías, los sufrimientos y las soledades.

Especialistas que analizaron los efectos de estas fiestas aseguraron que tanto en la vida cotidiana como en la clínica médica se observa un cambio en el humor social.

Destacaron que así como afloran los encuentros, logros y alegrías vividas, resurgen con fuerza distintas situaciones traumáticas individuales y colectivas

Por eso en estas fiestas suele comprobarse una mayor eclosión de las patologías psíquicas, tanto desde el polo de la exaltación como el de la depresión”.

Además, como es época de repaso vital, suele agudizarse la nostalgia por las pérdidas afectivas.

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