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Cuentas que no cierran en la fábrica de billetes y las razones de una expulsión

La Casa de Moneda, el organismo del Estado que fabrica billetes, debe dinero. Mucho dinero. Sus cuentas no cierran y culminará el 2022 con un déficit multimillonario. No es una incoherencia, es realidad. La situación es la verdadera razón del despido de quien era el presidente de ese ente hasta el jueves pasado, Rodolfo Gabrielli. El ministro de Economía, Sergio Massa, tomó la decisión de removerlo de ese puesto crucial para las finanzas después de conocer mediante una auditoría informal una larga concatenación de operaciones sospechosas de compras de herramientas esenciales para la confección de plata, además de desmanejos de presupuesto público.

La gestión de Gabrielli se suma así a una saga “maldita” para una administración K. El último gobierno de Cristina Kirchner enfrentó los problemas generados por la compra ilegal de la imprenta de dinero privada Ciccone Calcográfica, una ilegalidad liderada desde por el ex vicepresidente, Amado Boudou, quien terminó preso por orden de la Justicia debido a ese caso emblemático de corrupción. Gabrielli, ex gobernador de Mendoza, ex ministro del Interior en la Presidencia fugaz de Adolfo Rodríguez Saá, provocó perplejidad en el Palacio de Hacienda y el Banco Central (BCRA) en los últimos meses.

La Casa de Moneda tercerizó su producción de billetes con entes estatales “colegas” de tres países debido a sus problemas internos. Son las “Casa de Moneda” de España, Brasil y China. La subcontratación de esas tres fábricas de papel moneda para que produzcan millares y millares de billetes de 500 y 1000 pesos provocó un obvio gasto multimillonario en dólares para Estado. Ya había pasado lo mismo en otras administraciones nacionales. Hoy el problema se agrandó porque la gestión de Gabrielli no abonó los contratos establecidos. Recibió de parte del BCRA un anticipo del 30 por ciento de los dólares destinados a cumplir sus obligaciones con Brasil, España y China. Pero, siempre de acuerdo a las fuentes vinculadas a estas operaciones financieras, solo pagó lo correspondiente a porcentajes no totales de lo que se habría comprometido a cancelar con sus “pares” de España y China. El resto de esos fondos se utilizaron para “cubrir” otras deudas que la entidad monetaria tenía, y tiene, con otros proveedores.

La Casa de Moneda es, entonces, o al menos lo fue, una especie de agujero negro de dólares muy necesarios para la economía local, que terminaron gastándose en objetivos diferentes a lo pactado con el BCRA de Miguel Pesce.

¿Cuánto debe a sus diferentes acreedores la Casa de Moneda tras la administración de Gabrielli? Las fuentes consultadas, funcionarios expertos en el mercado de la fabricación de billetes y dirigencia que trabaja en la entidad nacional, calcula que la deuda total del organismo supera los 700 millones de pesos solo en presupuesto para gastos corrientes, a lo que se le debería sumar otra cifra por préstamos pedidos y obtenidos a tres bancos nacionales, por un monto de más de 2 mil millones de pesos, a pagar en cuotas.

Las decisiones de Gabrielli, como mínimo, se deben a la ineficacia o a malas decisiones administrativas o burocráticas. Y tal vez terminen siendo investigadas por la Justicia bajo la figura de posibles delitos penales. Tanto la sede central de la Casa de Moneda, como la sede en la que funcionó la planta de la estatizada ex Ciccone, sufren las consecuencias de esa falta de cancelación de los contratos firmados en el extranjero.

De acuerdo a las fuentes oficiales y sindicales que alimentaron la información de este artículo, el freno a la producción internacional de pesos argentinos no es tan crítica como para poner en riesgo la cantidad necesaria de dinero circulante, y tampoco afectará al pago de aguinaldos que recibirán los trabajadores de la Casa de Moneda nacional.

El BCRA tenía pautado con el organismo que imprime los pesos que se le entregaría un stock determinado de miles de millones en papel moneda en sus denominaciones de 500 y 1000, pero esos plazos no se respetaron.

La gestión de la Casa de Moneda provocó también compras millonarias en dólares, en medio de la falta de billetes para la importación, que podrían generar sospechas de su real intención o sobre el criterio que se pensó para destinar presupuesto crucial a materiales que hoy no pueden usarse.

El ejemplo más extremo es la adquisición de una enorme máquina de impresión a la prestigiosa empresa suiza Köening&Bauer (KBA).

Mientras se tercerizaba la confección de papel moneda en el exterior, aun así se implementó un plan para modernizar las plantas impresoras nacionales. Ocurre que finalmente la Casa de Moneda no pudo pagar, una vez más, sus obligaciones con el vendedor de esas megaimprentas.

Siempre de acuerdo a las fuentes oficiales consultadas por Clarín, la maquinaria de KBA no tiene autorización para salir del puerto de Buenos Aires hasta que no se abone a sus fabricantes originales lo prometido.

No es una máquina cualquiera. Sirve para fabricar dinero. Eso significa que, de seguir “durmiendo” en un container como hasta ahora es probable que KBA denuncie la situación ante la Organización Internacional de la Policía (INTERPOL).

Las deudas impagas afectan a otras multinacionales del rubro, como la fabricante de tinta de billetes SICPA, histórica proveedora de la Casa de Moneda de la Argentina.

Para el ministro Massa, entonces, era insostenible continuar confiando en los planes de Gabrielli, que asumió en su cargo al inicio de la gestión de Alberto Fernández.

El pedido de renuncia a Gabrielli, como se dijo, ex gobernador de Mendoza, podría afectar a uno de sus coterráneos que se jactaría de ser su verdadero jefe, el ex funcionario menemista José Luis Manzano, hoy empresario y también de mucha relación con Massa. Son varias las fuentes del mercado que aseguran que aquel mendocino tenía influencias sobre la ahora ya extinta administración de la Casa de Moneda del otro mendocino.

El ministro Massa impulsa como reemplazante de Gabrielli a uno de sus hombres de mayor de confianza: en ámbitos del Gobierno se afirmaba que el sucesor sería un economista de absoluta confianza del titular del Palacio de Hacienda, Laureano Quiroga, actual vicepresidente de la Empresa Argentina de Aeronavegación Aérea (EANA). Se cortaría con él las conexiones con la provincia cuyana.

El déficit y el freno a la producción de la Casa de Moneda son quizás mayores a los dados a conocer en esta nota.

Los gastos de Gabrielli más cuestionables incluyen alquileres de autos de media gama con chofer que terminaron usando él y su entorno. Y un contrato para adquirir software con la compañía Callao Holding por 10 millones de dólares, monto que después creció en 2,4 millones de dólares más. La denuncia sobre esa operación fue difundida por el programa PPT, de Jorge Lanata, y la diputada de la Coalición Cívica, Paula Olivetto.

En la Argentina, fabricar billetes de la moneda nacional, el peso, como se ve, le cuesta al Estado millones de dólares.

Y más aún: el despedido Gabrielli es acusado por las autoridades de aumentar el déficit de esas cuentas dolarizadas, impagas, con freno a la producción del billete nacional incluido.

Paradojas notables de una realidad económica compleja.

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