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Una obra que nos habla del presente

El centenario del nacimiento de un escritor puede ser un punto de inflexión para revisar su obra y el lugar que ocupó en el ámbito cultural de su tiempo. Creo que en el caso de Beatriz Guido esta tarea es necesaria porque fue una de las figuras de mayor repercusión no sólo en la literatura sino en el cine, la política y la promoción internacional de nuestras artes. 

Desde que obtuvo el primer premio de narrativa de la editorial EMECÉ en 1954 con su novela La casa del ángel se constituyó en una figura principal de la vida cultural y pública del país con inusual repercusión internacional. Su obra fue traducida a varios idiomas, inspiró a artistas de otras disciplinas, provocó debates que excedieron la literatura y se colocaron en el centro de las controversias que agitaron los efervescentes años que van desde mitad de la década de los años 50 hasta los 80 del siglo XX. 

Beatriz Guido nació en 1922 y por su contexto familiar conoce de primera mano los vaivenes políticos del país y del mundo, trata con los intelectuales y pensadores más destacados de las generaciones precedentes y es colega de sus contemporáneos más brillantes. Su unión sentimental y artística con Leopoldo Torre Nilsson le pemite introducirse en el mundo del cine como guionista, pero también como difusora del cine argentino a nivel internacional. Las nuevas generaciones de cineastas que hoy circulan por el mundo deben a este trabajo de pionera comenzado en las postrimerías de la década del 50, la posibilidad de instalarse en el circuito internacional de las artes audiovisuales contemporáneas. También con la fructífera tarea que realizó como agregada cultural de la Embajada de Argentina en España en la transición democrática, dónde no sólo difundió el cine y las artes argentinas sino que colaboró con el regreso de tantos exiliados de la última dictadura militar. 

Leída su literatura en este siglo sorprende cómo aparecen algunos de los temas que hoy más preocupan a la sociedad argentina, y  aún pendientes de superación. Sus novelas más relevantes (Fin de fiesta, El incendio y las vísperas) son ficciones donde la política es protagonista del relato. El escritor uruguayo Rafael Massa, cuya opinión solicité para escribir el ensayo que publicaré el año próximo, para tener una visión con la distancia temporal y geográfica que permitiera  una visión liberada de prejuicios, señala que en un país donde los ciudadanos se definen por el lado de la grieta que ocupan, en estas obras escritas mucho antes que ese término apareciera en la terminología política de nuestro país, es un indudable hallazgo.

Sus relatos más intimistas también describen una situación social y política determinada, dónde los dogmas derivados de la religión, el sostenimiento de las apariencias, la ruptura de un orden social alimentan el relato que siempre tiene un tono personal, una visión propia alejada del naturalismo. “En mis libros a veces reflejo anécdotas, hechos verídicos, historias relatadas en voz baja, sobres secuestrados de los archivos de la nación”, declara al catedrático colombiano Otto Morales Bermúdez en una extensa entrevista realizada a comienzos de los 70, indicando así los materiales múltiples de los que se vale para construir su obra. Y en estos materiales diversos en los que se alimenta su creación  encontramos su actualidad. La formación erudita, el impacto de los grandes autores, el conocimiento de las nuevas teorías literarias conviven con la crónica policial, el folletín, el chisme, dando esa variada paleta de fuentes un tono muy contemporáneo a su obra.  

La vigencia de su literatura también está en la creación de grandes personajes que describen una forma de hacer política en Argentina y un estado de la situación de la mujer. El caudillo conservador “Braceritas” y su secuaz Guastavino en Fin de Fiesta; el decadente jefe de familia devenido embajador en El incendio y las vísperas y el magnífico anarquista Alcobendas de la misma novela, junto con las protagonistas femeninas de La casa del ángel, La caída y La mano en la trampa (Ana, Albertina, Laura) y de otros relatos breves, son un galería que describe un estado de situación con repercusión en el presente.

Como bien expresa Rafael Massa: “si entendemos que la ficción literaria es una forma de acercamiento también a la verdad histórica, para quien desee comprender la compleja política argentina, la lectura de la obra de Beatriz Guido es ineludible. Aún para discrepar”. 

*Gestor cultural.

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